La plaza Salamero en los años 70 del siglo XX
Reportera: Mammarratxa
La plaza Salamero fue durante años un extraño remanso de paz
en el centro de Zaragoza. A pocos metros del extinto teatro Fleta (q.e.p.d)
junto a la avenida que da nombre a la ciudad y de camino a pie al Paseo
Independencia, una podía dar un paseo entre los árboles: unos viejos olivos que
permanecían impasibles a lo cotidiano del sector comercial e inmobiliario de un
pedacito de centro.
Bajo ellos, hace años, vehículos de paso dormían en un
parking privado tranquilos.
Llegó Jorge Azcón a la alcaldía y llegó la gran idea:
"simularemos un jardín colgante moderno, pequeño pero elegante. Chic, que
de categoría a esta parte de paseo y recreo." Cosa semejante debió pensar,
muy mal asesorado. Arrancar olivos y crear un falso jardín, en tiempos casi de
refugios climáticos...
Y siguió adelante en bueno de Jorge, mayoría absoluta con su
socio fascista, un señor veterinario que tampoco debía saber mucho de campo.
El vecindario, los ecologistas, la gente de bici... todos
dieron su aviso "no tiene sentido." "Ya están los rojos con lo
de siempre...si son cuatro árboles..." pensaba Jorge.
Más de un año de protestas, acalladas por la prensa, mucho
cemento y ciertos vecinos de acuerdo morían los árboles (que no se trasladaron
y aquella plaza quedo convertida en una Babilonia triste arrasada por el cierzo
y el verano de 6 meses en Zaragoza.
No árboles, ni ecologistas, ni vecinos, ni rojos ni
anarquistas pudimos convencer al viejo político del PP de que aquello era una
barrabasada. Ni siquiera miembros de los colegios cercanos, católicos con
concierto económico del que tanto presume don Jorge fueron invitados al debate.
La asamblea pro árboles se incendiaba mientras Jorge hacía
una vez más lo que le daba la gana. Y muchos imaginaban una baronesa Thyssen
local que tuviera lo que hay que tener para atarse a los árboles y protestar,
tan cerca de la iglesia de los fascistas: una martir de peineta y sacristía,
devota de Frascuelo y de María...que a falta de Machado, buenos son los
Labordeta y el Ebro pasa por Zaragoza.
En fin, ni comunes, ni chunteros, ni socialistas, ni
comunistas... nadie tenía poder en ese centro que ya era de cemento y jesuitas
(como el parking) y Azcón presumía en la puesta de largo del lugar, fotógrafo
en ristre con la sonrisa puesta sin hora de cierre.
Nadie mandaba allí más que los de siempre, la derecha, los
neofascistas, los católicos y las gentes de bien. Por algo la ciudad era suya.
¿Por los siglos de los siglos? Ámense.
Los olivos de la plaza Salamero de Zaragoza fueron
arrancados ... los viejos del lugar y los mayores de 15 años lo recordaremos
siempre.
Un ejemplo más de la planificación de los espacios públicos
aplicando la normativa azcónica Mis cojones33/JorgeDice
Quién iba a decir entonces que lo que parecía una venganza
fría hacia el consistorio de los Comunes al que consiguió desalojar abriendo la
banda a la derecha franquista, sería el prolegómeno de un chorreo de votos que
le convertiría en Presidente de la Comunidad Autónoma de la mano de los precinstitucionales de uve o equis.
Así se manda aquí señoras y señores, en tierras de Academia
General Militar y Pilarica.
Para cabeza dura la de Azcón. Y si ladramos es porque somos
unos perros... Ya nos pondrá un pipi can para que estemos contentos...
El primero de mayo la gente de Zaragoza ocupó la plaza In memoriam de los árboles mágicos de la Plaza.